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domingo, 27 de enero de 2013

Las mejores semillas


Por María del Carmen Sosa Sierra
María Fernanda Macimiani
En esta oportunidad quiero destacar a la escritora argentina, María Fernanda Macimiani, Editora de la Revista Virtual www.leemeuncuento.com.ar dedicada a la Literatura Infantil y Juvenil desde el año 2000, Ganadora del Premio Pregonero 2011 al Periodismo digital, ha escrito cuentos y poesía para niños y se desempeña como Coordinadora de Prensa de la AALIJ (Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil).

Una de las razones por las que decidí resaltar el trabajo de esta escritora, es por su trabajo incansable a favor de la promoción de la lectura y escritura de libros infantiles y juveniles. Desde 1999, María Fernanda es responsable de la revista digital “Léeme un cuento”,  un espacio de internet, dónde confluyen escritores, maestros, padres de familia y  los niños; y estoy segura que ellos son el ingrediente principal del trabajo de María Fernanda, quien afirma: “Léeme un cuento, ocupa un lugar muy importante en mi vida, es un sueño hecho realidad, sin horizontes, que me sorprende a cada momento”.

Sin embargo, sabemos que como muchas causas de tipo social y cultural, las cosas no son nada fáciles, casi que se trabaja con las manos pero las satisfacciones sobrepasan los obstáculos que aparecen en el camino, especialmente aquellas satisfacciones que provienen de los niños, el mejor terreno para sembrar buenas semillas. Yo pensaría que ningún gobierno, familia ni sociedad que se considere civilizada, debería posponer la inversión  de sus recursos ni apostarle a la vida a tan magno desafío, porque al final, los resultados trascenderán a miles de generaciones. Ayudar a forjar un mejor hombre, es quizás, una labor encomiable, cuyos frutos podemos verlos materializados en una mejor sociedad. Les dejo algunos comentarios de María Fernanda al respecto: 

“En esta época en la que los valores están luchando por sobrevivir, puedo decir que estoy orgullosa del camino recorrido, de la forma en que lo hice y confío en que sólo sembrando buenas semillas, abonando y cuidando la siembra, es como se logra la mejor cosecha”.

“Quizás algún día cuente con el apoyo de alguna empresa o institución que valore el potencial de Léeme un cuento, como fuente de recursos culturales para la familia y la escuela, como espacio puro donde se da lugar a muy buenos escritores”.

Me despido sin antes, agradecer a mis seguidores, a quienes se detienen unos segundos en las redes sociales para leer y reflexionar sobre estos temas tan interesantes como la educación infantil. Estoy convencida que la vida nos dará la oportunidad de apreciar estos comentarios y nunca escatimen invertir una semilla de su tiempo para leer y contarle un cuento a un niño, o tal vez, al niño que todos llevamos dentro, porque es una de las razones por las que el mundo sigue rodando como loco pero aún no ha colapsado. ¿Y por qué no ha colapsado? Porque mientras tengamos alma de niño, las cosas nunca serán como parecen y siempre habrá nuevas y mejores formas de llamar y hacer las cosas; os aseguro que el tedio jamás nos alcanzará.

Felicitaciones a María Fernanda Macimiani y ánimo con su labor que como ella dice, le dará inmensas satisfacciones. También le envío el mismo mensaje de esperanza a aquellos compatriotas colombianos que día a día, se sumergen en las aguas de las causas sociales y culturales sin contar con el debido apoyo, pero verán sus frutos.

María del Carmen Sosa Sierra

Fuente: http://www.leemeuncuento.com.ar/quienes-somos.htm




jueves, 17 de enero de 2013

El hábito de la lectura… Un buen desafío para el año 2013



Autora: Victoria Vázquez
En esta oportunidad, quiero destacar el trabajo de la escritora española Victoria Vázquez, quien publicó en 2010 la obra titulada White Creek Manor (El secreto de los Hawkins). La obra es catalogada como una novela de terror gótico, de estilo clásico, que ha sido comparada con las obras de Mary Shelley, Lovecraft, Edgar Allan Poe o Arthur Conan Doyle.

Narra, en forma de diario, el viaje que emprende Edward Hirst, un pintor naturalista del siglo XIX. William Osbrook, un buen amigo del artista, le invita a que pase unos días con él en una mansión (White Creek Manor) cercana a un pantano, asegurándole que el paisaje es asombroso y que podrá pintar unos cuadros maravillosos. Durante su estancia, ocurrirán una serie de terribles asesinatos que tendrán como marco el pantano y que parecerán cometidos por una extraña y gigantesca bestia. Enamorado de la joven propietaria de la mansión, Edward Hirst emprenderá una investigación que le llevará a descubrir el terror que se oculta en el oscuro bayou.

Estoy segura que los amantes del terror, pero el terror bien escrito y argumentado desde el punto de vista literario, pueden hallarse fascinado con la historia.
De la escritora puedo destacar algunos apartes que ella misma resalta sobre su vida.
“En cuanto a mí... bueno, siempre quise escribir, desde pequeña me encantaba contarles historias a mis muñecas. Mi madre me enseñó a leer siendo muy pequeña y desde entonces me convertí en un ratoncito de biblioteca. A los 12 años me había leído todos los libros de la biblioteca infantil de mi ciudad y pasé con un permiso especial a la de adultos... y es que para ser buen escritor antes hay que ser buen lector. Publiqué mi primera novela, White Creek Manor, en 2010. En 2011 un cuento mío, El cáliz de sangre, fue seleccionado para ser publicado en una antología de la Universidad de Sofía (Bulgaria), para lo que fue traducido al búlgaro”.

Lo que me impacta de esta joven escritora es su amor por la lectura desde muy niña, tanto que se leyó los libros de la biblioteca infantil de su ciudad a la edad de 12 años y esto me lleva a reconocer que el hábito de la lectura es además de un placer que nos lleva a explorar diversos mundos, un verdadero fundamento para el desarrollo de nuestra vida en todos los ámbitos.

Estoy segura que en Colombia necesitamos más niños como lo fue Victoria Vázquez y más padres y profesores que desde la infancia, nos impulsen a adentrarnos por ese camino tan entretenido, profundo y gratificante como lo es, el descubrimiento de un buen libro. Eso nos evitaría mucho de los problemas de comprensión de lectura que ahora tenemos aún entre adultos. Por eso estoy convencida que éste puede ser uno de los desafíos a vencer en el nuevo año para todos nosotros.

Igualmente, muchos éxitos para Victoria y sé que así será y mucho ánimo para nosotros, y lograr disfrutar del placer de una de las actividades en las cuales seremos protagonistas ni siquiera espectadores, de una nueva historia.

Un abrazo para todos.

María del Carmen Sosa Sierra



Reflexión sobre "Una historia al viento"


Reflexión sobre "Una historia al viento"
Me encantó "Una obra al viento" de Paul Brito, escritor barranquillero y destaco esta obra porque es verdad, el hombre Caribe no puede vivir sin el viento, quizás porque éste actúa como un soplo de vida que nos hace recordar las cosas más sencillas de nuestra existencia y que a la postre, son las cosas que le dan sentido a la misma. Por eso añoramos tanto el viento cuando se va, lo necesitamos para toque nuestra alma y nos de un poco de felicidad. Quizás sea un toque divino para que no olvidemos quienes somos y de dónde vinimos...Muchas gracias Paul y te felicito por hacernos recordar estas cosas. Les invito a reflexionar y comentar sobre este tema.

Una historia al viento

Alguna vez, cuando era niño, el viento fue un soplo divino y no ese bufido apocalíptico que terminó de arrasar a Macondo. Elevaba cometas, me avisaba de que habían llegado las vacaciones, les daba vida a las sábanas colgadas en el patio de la casa (como si fueran velas de unos barcos piratas), descorría una inmensa ventana hacia el océano. Era una madre diligente que venteaba la peste, secaba la ropa y ayudaba a esparcir semillas.

No no siempre fue así. En mi adolescencia se volvió turbulento. Céfiro, que era el rostro amable de las brisas del sur, comenzó a darle paso a Boreas, raptor de doncellas, y sus vientos huracanados del norte. Bajaba a ráfagas racheadas por laderas de montañas rocosas. Meneaba una falda de lluvias sobre las cosechas de arroz y, con su cola como un paño húmedo, me aliviaba la fiebre del mediodía.

Cuando terminé la universidad, un viento de cambio me llevó a España. Viví en Cataluña, donde hablaban de la tramontana como un efluvio enloquecedor que, a diferencia de los alisios, aparecía dos veces al año: primavera y otoño. Al contrario de los alisios, su aliento terrestre soplaba hacia el mar como una persona grosera que te quiere sacar de su casa a la fuerza. Quizá por esa diferencia telúrica, nuestro talante es más acogedor que el de los catalanes. Y tal vez más parecido al de los andaluces, que reciben del mar y de África un viento cálido y húmedo.
A pesar de sus veleidades, los costeños del Caribe colombiano no podemos vivir sin el viento. Vivimos abrazados a él, como un boxeador se aferra a su contendiente para no ser golpeado. Nos quejamos del ajetreo de la brisa y, sin embargo, lo primero que hacemos al llegar a casa es encender un ventilador para que nos meza con su zumbido. Necesitamos los alisios tanto como ventiladores por toda la casa. Nos quejamos de su ímpetu, pero al mismo tiempo exhalamos huracanes al hablar o reír. Acaso por eso, volví a mi tierra hace varios años, y precisamente en diciembre, cuando comenzaban las brisas. “Diciembre llegó con su ventolera, mujeres”, dice una canción que les da la bienvenida cada año, “y la brisa está que llena el mundo de placeres”.

La época de más vientos es precisamente la que nos vuelve más eufóricos y traviesos: desde diciembre hasta febrero con sus carnavales. La cumbia es quizá la manifestación de esa sustancia vehemente y sinuosa que nos recorre por dentro. Bailarla es nuestra forma maestra de torear la brisa, de fundirnos con ella e impedir que apague la vela de nuestro espíritu. Por eso todas las demás músicas salen de ella. Por eso en tiempos coloniales, cuando el viento atravesaba gaitas y flautas de millo, las negras alzaban sus polleras como alas. Y los españoles les ponían bolas de hierro en los tobillos, por si acaso.

Revista Actual, edición enero 2013 (facilitado por el autor).