Subscribe:

miércoles, 29 de enero de 2014

Sección Ventana al alba: Soledad


Edwar Munch, "The day after" 1984
Por María del Carmen Sosa Sierra
Al iniciar un nuevo año, por lo general son muchas las metas, sueños y proyectos que planeamos llevar a cabo; algunos corren la suerte de quedar tan intactos como los sacamos del fondo de nuestros corazones; otros, quedan por la mitad y algunos otros que con empeño y decisión, pueden ver la luz y con estos, innumerables satisfacciones.

Por esta razón y siendo que al año 2014 todavía conserva el estado de “nuevo año” porque aún faltan muchos meses y días por gastar, soñar y vivir; les traigo el relato de María José Moreno, escritora española, quien por estos días es aclamada como una de las reinas de Amazon, ya que gracias a su talento, tenacidad y persistencia, superó el rechazo de las editoriales convencionales y se ubicó como una de las escritoras independientes cuyas obras han batido records de descargas en la red.

María José, concedió una entrevista para María Publishing en septiembre de 2013. En esta entrevista ella nos explicó cómo había logrado hacer para que sus obras se ubicarán en los primeros lugares de Amazon por tanto tiempo. Ahora, la escritora fue fichada para la editorial Ediciones B y sus libros saldrán en formato de papel.

Mis más sinceras felicitaciones para María José y muy agradecida por compartir este breve relato titulado “Soledad” en donde la protagonista decide sacar fuerzas de su interior, si aún le quedaban, y rendirse al placer de lograr vivir de verdad. Ojalá, nosotros también podamos emplear la misma determinación en el 2014 para alcanzar aquello que tanto anhelamos.


Soledad de María José Moreno
Las manos de la mujer comenzaron a temblar. Intentó calmarlas metiéndolas en los bolsillos del delantal, sin conseguirlo. Llevaba un día completo sin beber y su cuerpo protestaba. Ahora o nunca, se dijo.
Desde hacía unos meses intentaba dejar de beber sin conseguirlo. No quería ayuda, más bien, no se atrevía a pedirla; nadie conocía su problema con el alcohol. Ni ella misma recordaba como comenzó ese tormento que no conseguía quitarse de encima. ¡Qué vergüenza! Si su marido o su hijo descubrieran que era alcohólica. Sí, una alcohólica, ahora podía decirlo, tiempo atrás se lo negaba.  ¡Qué estupidez! Si sabría ella que lo que hacía no era bueno, pero la ponía tan alegre que se olvidaba de todas sus penas de ama de casa amargada e ignorada. Era muy fácil tener su propio remanso de paz, siempre estaba sola en casa a esa hora y a la mayoría de las horas del día. De esa manera, una copita  llevó a otra y a otra…
Sale de la habitación apresurada y nerviosa, impulsada por el resorte de la privación y va hasta la cocina. Se arrodilla y del fondo del armario de la limpieza saca la botella de anís que guarda camuflada entre botes y balletas; allí su tesoro está a salvo, es su lugar secreto. La acaricia y suspira. Una sorbo, un pequeño sorbo calmaría su temblor y la ansiedad que corroe sus entrañas. ¡Dios mío! lo necesito, exclama. Se la acerca a los labios y antes de que llegue a rozarla, retira el brazo con violencia. No puedo caer, no puedo caer, se repite mientras vierte el meloso líquido en el fregadero. Contempla ensimismada cómo se lo traga  el desagüe cuando una lágrima atraviesa veloz su mejilla  en pos del preciado líquido. He de conseguirlo, quiero ser libre, he de conseguirlo, se dice para afianzar su decisión mientras se sienta en el frio suelo, abraza sus piernas y se mece con ese monótono ronroneo.
Las manos temblonas, la boca seca y una opresión en el pecho que la sacude como si fuera a morirse.
Ahora o nunca.

Fuente: Relato enviado por María José Moreno
Imagen: Edwar Munch, "The day after" 1984