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viernes, 15 de noviembre de 2013

Sección Ventana al Alba: ¡Que Viene el Lobo!

Luisa Aguilar: Escenas de ¡Que viene el lobo!
Por María del Carmen Sosa Sierra
Para hoy, en nuestra sección “ventana al Alba”, presentamos dos escenas de la obra de teatro liderada por la escritora Luisa Aguilar, quien quiso compartir estos bellos pasajes con los seguidores de María Publishing.

En estas escenas se ve al personaje principal, Lobezno intentando ser un lobo de cuentos porque en los cuentos todo es posible y él ya no quería seguir siendo el malo del paseo.

Lobezno estaba cansado de que la gente lo comparará con cosas malas, pues por todo el mundo, la simple palabra “lobo”, es sinónimo de alguien rapaz, astuto, y designa toda cosa mala. Lobezno era bueno y no podía cambiar su naturaleza. Por eso acudió a la fantasía para intentar cambiar la historia de su vida.

Realmente, sería fantástico que en la vida real nos toparamos muy a menudo con personajes así, que lucharan por hacer sus sueños realidad, sin importar lo que dijera o pensara el común. Se necesita tener mucha determinación y valentía para avanzar en la vida, dispuestos a conseguir nuestra realización personal, aunque eso implique vencer el miedo que  llevamos dentro y que amenaza con paralizarnos ante cada desafío.

Pero y ¿qué de otro tipo de lobos que andan por doquier aunque no lo reconozcamos como tales? Lobos con cara de ángeles que engañan a las personas a punta de falsas promesas y demagogia; lobos que matan la esperanza y el bienestar de sus semejantes por la ambición del poder y riquezas desmedidas. Sí, estoy segura que cualquier lobo de verdad estaría horrorizado de estos individuos y estaría preguntándose como Lobezno: ¿por qué le dicen lobos, si nosotros no somos así?

Finalmente, quisiera agradecer a Luisa Aguilar por compartirnos estas bellas escenas de su obra, ¡Que viene el Lobo! Me divertí muchísimo y reflexioné también a montones, al final nada es lo que parece ser y preferiría encontrarme con Lobezno en busca de sus sueños y no con un lobo rapaz de verdad, aunque no tengo sino que escuchar la radio o la televisión, sobretodo en épocas de elecciones y allí seguramente habrán muchos lobos con piel y cara de cordero. A continuación las escenas prometidas.

¡Que Viene el Lobo!
Luisa Aguilar

10. El miedo

NARRADORA: Lobezno casi, casi llegó a tocar la Luna con las manos, pero en realidad, cada vez estaba más lejos de lograr su sueño.
Había intentado con todas su fuerzas ser feroz, pero no lo había conseguido.
Ahora permanecía escondido, temeroso de que alguien pudiera encontrarlo y lo expulsara para siempre de los cuentos.
¡Lobezno! ¡Lobezno! ¿Estás ahí pequeño Lobo? No tengas miedo.

LOBEZNO: (Escondido)  Estoy harto de salir huyendo de todos los cuentos, de ser el blanco de todas las culpas. Y tengo miedo.
Miedo del hombre feroz que no mata para llenar la tripa, no. Mata para llenar el tiempo.
Por eso cada vez que escucho Pum, las patas me tiemblan y ¿Sabes qué? me tiemblan el doble si escucho Pum, Pum.
Entonces corro y cuando no puedo más me escondo. Cierro los ojos y cuento despacio... 100, 99, 98... Si llego hasta cero es que no me morí y entonces ya puedo abrir los ojos aliviado.  Pero en realidad siento que cada vez que tengo que huir me estoy muriendo  un poco.

Para que se me pase, intento recordar cosas bonitas. Los recuerdos nunca nadie te los puede quitar.  Recuerdo una historia que me contaba mi abuela. Era una historia preciosa, sobre un mosquito. Se llamaba la  historia del “Mosquito Benito”.
(El libro se transforma en teatrillo y salen los personajes silueteados)


12. Por fin lobo de cuento

LOBEZNO: Me encanta esa historia en la que un pequeño mosquito da la vuelta a las cosas…
Por eso yo quería ser lobo de cuento, porque había oído decir que en ellos todo era posible… Y sin embargo, ahora que estoy aquí, me siento aún más atrapado que en el zoo.

Y ¿Sabes qué?  ¡Que ya me he cansado!
Puedo volver al zoo con el rabo entre las patas; también puedo quedarme y convertirme en algo que detesto, pero de ninguna de las formas sería feliz. No. Yo ya no pertenezco ni aquí, ni allí. Pero también puedo hacer otra cosa. Puedo quedarme y cambiar los cuentos ¡Cómo el mosquito!

Quiero un mundo de cuento en el que un Lobo se pueda tomar el té con la abuela.
Un mundo en el que se puedan guardar las palabras en los bolsillos.
Un mundo en el que un paraguas pueda convertirse en pájaro y echar a volar.
Un mundo en el que se puedan ver las estrellas a través de un embudo.
Un mundo en el que por fin, pueda llegar a tocar la Luna con las manos.

NARRADORA: (Se quita el gorro de lobo y se dirige al público) Un mundo en el que alguien como yo pueda convertirse en Lobo y contar la historia de todos aquellos que tienen que dejar su hogar y pasan al otro lado en busca de su sueño, en busca de una vida mejor.

Fuente: Luisa Aguilar




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